Alrededor de Hopper.

La pintura de Edward Hopper siempre me ha llamado mucho la atención. Es directa, sencilla y cuenta un montón de cosas casi sin querer. Se trata de cuadros que parecen planos pero tienen narrativas muy profundas sobre la soledad y el aislamiento, muy vigentes hoy en día.

El Museo Thyssen Bornemisza enseña la mayor parte de la obra de Hopper por primera vez en Europa. Una colección hecha a través de las de las cesiones de museos como el de New York, Philadelphia, Boston o Washintong. Sin duda una gran inversión y expo del año para el Thyssen. Así que no es de sorprender que la campaña de publicidad en medios locales haya conseguido llevar al museo a la abuela cascarrabias y al niño travieso pasando por todos los rangos de guiris nacionales e internacionales que poco interesados, desean que se acabe el sufrimiento para correr a la terraza a tomar cubos de cerveza a 3€.

Una vez superado el pequeño hándicap de la cantidad de gente ruidosa que frecuenta la expo, la cosa se pone interesante: comienza el disfrute.

Las obras están ordenadas acorde a los diferentes periodos creativos de Hopper que se presentan nada más entrar. Desde la ilustración en el mundo de la publicidad, herramienta que le dio de comer. Hasta los cuadros más cinematográficos de la época final, aquellos que le dieron la fama. Pasando por retratos en acuarela de EEUU con  esos paisajes y casas que le ayudaron a profundizar en su estilo único. Esta jerarquía te acerca a como el pintor vivió el desarrollo de su arte y de cómo el artista, tuvo que pasar por momentos duros y anodinos en los que adaptarse y trabajar por dinero.

La pintura Hopper siempre me produce cosas. Desde el silencio elocuente de los personas que retrata. Desde el encuadre extraño y técnico. Desde las caras de todos los personajes solitarios que muestra en hoteles, al sol, en entornos de trabajo, en campos, en ventanas…  Hasta dejar claro que Hopper era un voyeur que sabía mirar más allá de las personas y de los objetos para trasmitir el verdadero aislamiento del hombre del siglo S.XXI.

Aquí, mi cuadro favorito no incluidos en esta exposición,  pero de los más icónicos.

Y nada más… Sólo aprovecho para hablaros de otro artista que conocí a través de un amigo que me lo recomendó, cuando supo que venía de ver esta exposición en el Thyssen. Se trata de Juan Naranjo Torres, un artista en la línea de Hopper que sabe retratar con rudeza lo que hay detrás de los espacios y en las personas que nos rodean. ¡Espero que os guste este descubrimiento!

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